La seda cual pluma fría
recorría mi cuerpo helado
cubierto por fina linea
me acogía con gran agrado.
Bajando desde mi cuello
tal tela me dibujaba
marcando todo mi cuerpo
escondiendo a la deseada.
Cuando ese chico llego
se metió en mi cama
un solo beso me dio
y acabe por el abrazada.
Su calor me arropó
su olor a mi llegó
y mi castaño rostro
en una fracción de segundo se iluminó.
Poco a poco llegó el sueño
nuestros corazones al tiempo
cada vez un poco mas lentos
hasta que nuestros ojos cerraron
y acabamos durmiendo.
Mis pestañas reposaban
como hilos de algodón,
sobre mejillas rosadas
salpicadas de marrón.
Al amanecer la luz entró
por las rejillas de la ventana
el chico se despertó
y así, con un beso, comenzó mi mañana.
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