Cuando oigo el canto del ave
como el viento un sencillo sonar
de las campanillas de una flor viva
o del zumbar de un cercano panal.
Y cuando siento hormigas en el alma
y las mariposas del cielo volar,
noto las manos del diablo a la espalda
que me incitan a correr y ganar.
Noto las rosas caer en el agua
y las gotas, al salpicar
pero, cuando miro entre los cristales del río,
la fuerte corriente ha arrastrado el coral.
Mi corazón, palpita como el temblar del tambor
pero, mi alma ligera creció en mi interior
de cuerpo marchito con mente veloz.
Y cuando veo su rostro en las sombras,
su voz como el humo de un cálido hogar
me siento escarcha en una noche invernal.